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De los primeros… o de los últimos

  • Foto del escritor: Sandra Orozco
    Sandra Orozco
  • 2 jul
  • 10 min de lectura

Es martes y bajaste tres posiciones sin tocar nada


Abres Booking para ver cómo se ve tu hotel. Y no apareces en la primera página. Ayer estabas arriba; hoy bajaste tres puestos. No cambiaste una tarifa, no tocaste el calendario, no hiciste nada. Salvo que —sin que te dieras cuenta— en Expedia apareciste más barato. Una tarifa que un mayorista soltó por su cuenta, en un canal que ni sabías que te estaba publicando. Booking lo notó. Y te movió.


Nadie te avisó. No hay un correo que diga "te penalizamos por disparidad". Simplemente te ven menos personas, entran menos reservas, y tú te quedas pensando que "el mercado está flojo esta semana".


Eso tiene nombre técnico: disparidad tarifaria. Y en un hotel independiente que vive de sus OTAs, no es un problema de vitrina. Es un problema de dónde te ponen dentro de la vitrina.

Porque de eso se trata todo esto. La OTA no es el problema. La OTA es la vitrina más grande a la que un hotel independiente puede aspirar: te pone frente a miles de viajeros que jamás te habrían encontrado solo. Te trae demanda real. El problema aparece cuando tú, sin querer, le das una razón para moverte de la entrada de esa vitrina al fondo de las OTAs. Hoy nos sentamos contigo a ver cómo se abre esa grieta, cuánto te cuesta de verdad —en posición, no solo en plata— y qué puedes hacer para quedarte adelante.


Dos palabras que suenan igual y significan lo contrario


No las confundas, porque una te mantiene en la vitrina y la otra te manda al fondo.


Paridad tarifaria es el estado ordenado: la misma habitación, para las mismas fechas y condiciones, cuesta lo mismo en todos los canales donde te distribuyes —Booking, Expedia, Despegar, Hoteles.com—. Todo parejo entre OTAs.


Disparidad tarifaria es cuando esa igualdad se rompe: el mismo cuarto, mismas fechas, aparece más barato en un canal que en otro. Y acá está lo que casi nadie ve venir: cada OTA vigila a las demás. Cuando el canal donde estás más caro descubre que en otro lado apareces más barato, no se queda quieto. Reacciona.


La paridad no es algo natural del mercado. Es la condición que las plataformas te exigen para darte su mejor lugar. Rómpela, y el lugar cambia.


La letra que firmaste, y el algoritmo que la hace cumplir


Cuando firmaste con una OTA, aceptaste una cláusula de paridad. Hay dos tipos, y conviene distinguirlos.


La cláusula amplia te pide no ofrecer una tarifa más baja en ningún otro canal. La cláusula estrecha solo te pide no subcotizar frente a otras OTAs. La diferencia importa para tu libertad de precio, y sobre ella ha girado casi toda la discusión regulatoria de la última década.


Vale la pena saber de dónde viene. La paridad tarifaria nació con las propias OTAs. A medida que se volvieron la vitrina dominante —el lugar donde de verdad se decide la reserva—, pusieron una condición para dejarte en ese escaparate: no podías aparecer más barato en ningún otro canal. Esa fue la paridad amplia, la “garantía de mejor precio” que durante más de una década se dio por sentada. Si querías la vitrina, firmabas que nadie te vería más barato en otra parte. Con los años, los reguladores europeos empezaron a desarmar esa exigencia —primero acotándola a la versión estrecha, luego prohibiéndola de plano en varios países— por considerar que amarrar tu precio en todos los canales frenaba la competencia. En el papel, la paridad amplia quedó herida de muerte en buena parte de Europa.


Pero acá está la parte que el contrato no te subraya: la paridad no se hace cumplir solo con la letra pequeña. Se hace cumplir con el algoritmo de posicionamiento. Cuando una OTA detecta que apareces más barato en otro canal, tiene una palanca mucho más rápida que un abogado: bajarte en sus resultados de búsqueda, sacarte de sus programas de visibilidad, dejar de mostrarte como opción destacada. La mecánica está documentada. Booking.com rastrea permanentemente tus precios en los demás canales con un rate-shopper y los resume en un puntaje interno, el Price Quality Score: según documentación revelada por Triptease y PhocusWire (2019), cuando ese puntaje cae por debajo de 70 sobre 100, la plataforma lo lee como que no le estás dando su mejor precio, te desactiva el estatus Preferred y enciende mecanismos como Booking.basic, que sale a revender tu inventario al precio más bajo que encontró en otro canal. Y no es un secreto: la propia página «How we work» de Booking.com reconoce que la competitividad de tus precios influye en el ranking, y para entrar al programa Preferred exige que tus precios externos sean «competitivos» frente a otros sitios.


No es un castigo emocional. Es negocio. La OTA quiere mostrarle a su usuario el mejor precio posible; si tú tienes uno más bajo escondido en otro canal, la OTA queda mal parada, y prefiere darle su vitrina a otro hotel. Desde su lógica, tiene todo el sentido. Desde la tuya, es una posición perdida.


La grieta no la abres tú


Acá está lo que descuadra a medio hotelero: no ofreces tarifas distintas a propósito. Cuidas tu precio. Y aun así apareces más barato en un canal que en otro. ¿Por qué?

Porque la disparidad entre OTAs casi nunca la abres tú. La abre el sistema de distribución. Esto es lo que más vemos:


Las fugas de mayoristas. Le cargas una tarifa neta a un mayorista o bedbank para grupos o paquetes, y ese inventario termina revendido en OTAs públicas por debajo de tu tarifa. Es la causa número uno de disparidad entre canales, y la más difícil de rastrear, porque no sale de tu tablero. Para Colombia y LatAm no hay una cifra publicada del tamaño de esta fuga —esa ausencia también es un dato—. Las referencias globales confirman el patrón: el estudio anual de paridad de OTA Insight (hoy Lighthouse), construido sobre 28.000 hoteles en 146 países, señaló a los mayoristas que rompen la cadena de contratos vendiendo a OTAs no contratadas como la raíz del problema; y Triptease midió en su base de clientes que Booking.com aparecía por debajo del precio directo del hotel el 11,7% de las veces, casi siempre con tarifas que nacieron mayoristas.


Las promos que se apilan distinto en cada canal. Una campaña de temporada, un descuento por anticipación, un programa de fidelidad. En un canal se suman de una forma; en otro, de otra. Resultado: el mismo cuarto, dos precios.


Los desfases de sincronización. El channel manager tarda en propagar un cambio a un canal específico, y por unas horas —o días— estás desalineado justo donde más se nota.



El punto de fondo: la grieta la abre la distribución, no tu decisión. Pero el que pierde posición eres tú.


El costo real no es el margen. Es la posición


Cuando piensas en lo que te cuesta una reserva OTA, miras la comisión. Sobre un rango que —sin cifra regional publicada para Colombia; el dato es global— anda entre el 15% y el 25% para un hotel independiente (Booking.com parte de una base del 15% y Expedia de un estándar del 18%, y ambos suben con programas de visibilidad o modelos de pago), cada reserva suelta esa tajada. Es real, pero es lo de menos en esta conversación. El costo que casi nadie calcula es otro: la visibilidad que pierdes cuando te penalizan.


Piénsalo así. En una OTA, la posición lo es todo. La mayoría de las reservas se las llevan los hoteles de las primeras posiciones; los de más abajo casi no existen para el viajero, que rara vez pasa de las primeras pantallas. Y no es una intuición: según un estudio de la propia Expedia (2023), el 75% de los viajeros reserva dentro de los primeros 15 resultados, y Booking.com estima que entre el 80% y el 90% de las reservas salen de la primera página. Cuando la disparidad te baja de posición, no pierdes un punto de margen. Pierdes ojos. Pierdes clics. Pierdes las reservas que se van a quedar quienes ahora están arriba de ti.



Y hay un segundo golpe, más caro: los programas de visibilidad. Preferred Partner, Genius y similares te dan un empujón de exposición a cambio de cumplir ciertas condiciones —y la paridad suele ser una de ellas—. Cuando rompes la paridad, arriesgas ese estatus. Y el tamaño de ese empujón lo publica la propia Booking.com: Genius da en promedio 70% más visualizaciones en búsquedas y 45% más reservas; Preferred, hasta 65% más vistas de página y 20% más reservas. Eso es lo que arriesgas al romper la paridad: no un ajuste fino, sino todo el viento a favor.



Lo peor es que esto se retroalimenta. Menos posición te da menos reservas; menos reservas empeoran las métricas que la OTA mira para rankearte —conversión, cancelaciones, volumen—; peores métricas te bajan todavía más. Una disparidad que empezó como una fuga de un mayorista termina convertida en una espiral de menor visibilidad. Y salir de esa espiral cuesta mucho más que haberla evitado.



En Europa pusieron reglas al precio. Al ranking, casi nadie


Durante años, las cláusulas de paridad amplia se dieron por sentadas. Eso cambió. Varios reguladores concluyeron que amarrar el precio del hotel en todos los canales frenaba la competencia, y las limitaron.


En Europa, varios países fueron más allá y tumbaron todas las cláusulas. Alemania abrió el camino: su autoridad de competencia prohibió la paridad de HRS en 2013 y la de Booking.com —incluida la estrecha— en 2015, decisión que su corte suprema confirmó en 2021. Francia la prohibió por ley en 2015, Austria en 2016, Italia en 2017 (art. 1.166 de su Ley Anual de Competencia) y Bélgica en 2018. En paralelo, desde mediados de 2015 Booking y Expedia se comprometieron ante varias autoridades europeas a reducir la paridad de amplia a estrecha en todo el continente. El caso francés es el más contundente: la Loi Macron (Ley n.º 2015-990 del 6 de agosto de 2015) declaró nula toda cláusula de paridad —amplia o estrecha— entre hoteles y OTAs. Y a nivel de toda la Unión Europea, el marco de mercados digitales alcanzó a las grandes plataformas de reserva: la Comisión Europea designó a Booking.com como «gatekeeper» bajo el Digital Markets Act en mayo de 2024, y desde noviembre de ese año el artículo 5(3) del DMA le prohíbe exigir paridad —amplia o estrecha— en todo el Espacio Económico Europeo. Semanas antes, el Tribunal de Justicia de la UE ya había fallado que esas cláusulas no son restricciones necesarias para el negocio de la plataforma.


Pero ojo con la conclusión fácil. Estas normas tocan lo que la OTA puede exigirte por contrato. Casi ninguna toca lo que la OTA puede hacer con su ranking. Aunque la ley te libere de la paridad amplia, la plataforma sigue siendo libre de mostrarte donde quiera. La palanca de visibilidad no la regula casi nadie. Eso es clave para ti, porque tu pelea real no es tanto contra una cláusula como contra un algoritmo.


¿Y en Colombia y LatAm? Este es el terreno menos transitado, y por eso el que más cuidado hay que tener en no inventar. En Colombia, la Superintendencia de Industria y Comercio no registra hasta hoy actuaciones ni resoluciones públicas sobre cláusulas de paridad de OTAs —la ausencia es, en sí misma, el hallazgo—. El referente regional está en Brasil: en marzo de 2018, el CADE cerró una investigación abierta en 2016 por denuncia del gremio hotelero (FOHB) con acuerdos en los que Booking, Decolar y Expedia renunciaron a la paridad amplia —ya no pueden exigir paridad frente a otras OTAs ni frente a los canales offline del hotel—, aunque la estrecha, frente al sitio web propio, quedó permitida. Colombia no tiene nada equivalente. Y esa ausencia dice algo: por ahora, tu posición en la vitrina no la protege la ley. La proteges tú.



Lo que hacemos por ti en Tripby


Nada de esto se resuelve peleándose con las OTAs. Se resuelve dándoles menos razones para moverte de lugar. Y eso es exactamente lo que hacemos en Tripby: activamos estas palancas por ti, dentro de tu estrategia de distribución, para que la disparidad no te cueste posición.


Cuidamos la consistencia entre canales, primero que todo. La misma tarifa, para la misma habitación y fechas, en todas tus OTAs. Suena obvio; casi nadie lo mantiene de verdad. Es la defensa número uno contra la penalización, porque le quita al algoritmo la excusa para bajarte.


Cerramos las fugas de mayoristas. Auditamos a quién le das tarifas netas y dónde terminan publicadas. La mayor parte de la disparidad entre OTAs entra por ahí. Saber dónde reaparece tu inventario es la mitad de la solución.


Diseñamos tu portafolio de canales. No todas las OTAs pesan igual ni interactúan igual. Entendemos cómo se apilan las promociones de cada una, y cuáles conviene alinear, para que una campaña bien intencionada no te rompa la paridad en otro lado.


Usamos las herramientas de cada canal a tu favor, no en tu contra. Los mismos programas que te penalizan si rompes la paridad —Preferred, Genius, campañas de visibilidad— te empujan hacia arriba si la cumples. La disciplina tarifaria no es solo defensa: es lo que te habilita para ganar posición.

Vemos la disparidad antes que la OTA. No puedes corregir lo que no ves —por eso lo miramos por ti—. Revisamos con ritmo cómo aparece tu tarifa en cada canal —y descubrimos cuándo alguien te desalineó— para arreglarlo antes de que el algoritmo lo note y te mueva. Ver la grieta a tiempo es la diferencia entre un ajuste de cinco minutos y una espiral de tres meses.

El argumento queda montado. Y los números lo sostienen


Hasta acá la lógica se sostiene, y los números la respaldan: la disparidad entre OTAs es, la mayoría de las veces, una grieta que abre la distribución —no tú— y que te cuesta donde más duele en este modelo: la posición dentro del canal que te trae la demanda. La comisión —entre el 15% y el 25%— es el costo visible. El invisible es quedar fuera de los primeros 15 resultados donde reserva el 75% de los viajeros, y arriesgar el empujón de visibilidad de Genius o Preferred. Lo único que sigue abierto es un caso colombiano nombrado y con impacto medible: ese dato aún no existe publicado, y preferimos decirlo a inventarlo.


Lo que sí podemos cerrar es la dirección: en distribución vía OTAs, tu tarifa no compite sola. Compite por un lugar. Y ese lugar se defiende con consistencia.


Volvamos al martes


Es martes otra vez. Abres Booking para ver cómo se ve tu hotel. Y esta vez no hay sobresalto: sigues arriba. No porque el algoritmo amaneció de buenas, sino porque tu tarifa estuvo pareja en todos los canales toda la semana. De eso nos encargamos nosotros, sin que tengas que estar revisándolo. Tú abres Booking para confirmar lo que ya intuías; el trabajo de fondo —cuidar tu consistencia, cerrar las fugas, ver la grieta antes que la OTA— ya está hecho.


Dos hoteles pueden pagar la misma comisión y estar en la misma OTA. Uno aparece en la primera pantalla. El otro, al fondo. La diferencia no está en cuánto le pagan a la plataforma.

Y esa pregunta —¿tu hotel está entre los primeros o se está yendo al fondo?— dejó de ser tu dolor de cabeza de cada mañana. La respuesta la sostenemos nosotros, cuidando tu consistencia día tras día, para que tú te dediques a lo que sí es tuyo: recibir a los huéspedes que esa posición te trae.





 
 
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